¿Y si estamos monitoreando mal?
Morena vive un proceso de selección para elegir a Coordinadores de los Comités de Defensa de la Transformación, un procedimiento que le permite seleccionar a perfiles que se convertirán en candidatas y candidatos en las elecciones de 2027.
Este procedimiento se adelanta a lo establecido en la norma, pues desde la reforma electoral de 2007-2008, las elecciones internas de los partidos políticos en México están reguladas por el órgano electoral nacional. Lo anterior, en un esfuerzo por generar condiciones de igualdad en la participación de las y los aspirantes que postulan en los procesos de selección de las candidaturas en los diversos partidos, la legislación incorporó mecanismos y plazos para conciliar dos principios fundamentales: la vida democrática interna y la autoorganización de los partidos políticos.
Sin embargo, este llamado temprano, por decirlo de alguna manera, le permite a Morena no sólo mantener al margen la participación del INE, sino también fijar, con sus designaciones, los plazos y los tiempos de la política nacional. Por ejemplo, este procedimiento interno también empata con los objetivos de establecer un debate nacional en torno a la defensa de la soberanía; también impacta en el objetivo de mantener activa a su militancia y promover que las y los diversos liderazgos de su partido se presenten en interacción con la base partidista en territorio.
Lo que quiero decir con esto, es que este proceso va más allá de la propia selección de las candidaturas, quizá más que ese objetivo, el principal es el de ganar el debate nacional o preparar el terreno electoral para que los argumentos estén centrados en la narrativa de la defensa a la soberanía como principal problema público, en el que Morena se presenta como defensor legítimo y el resto de los partidos, la oposición, como promotores de injerencismo, apátridas y traidores. Por eso, el proceso es más que una selección, es más bien un posicionamiento de la agenda pública, una explicación sobre los buenos y los malos, y una propuesta de afianzar el significado histórico de Morena, como una vía política que va más allá de los intereses privados. Es reavivar la proclama incrustada en nuestro código cívico nacional, edificado desde nuestras infancias cuando aprendemos a cantar el Himno Nacional, ponemos énfasis en la frase: Mas si osare un extraño enemigo.
El enemigo. Y para qué sirve, en política, un enemigo, Umberto Eco, reflexionó al respecto, dijo que “tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor.” Quizá por eso sea importante nombrar al enemigo, ubicarlo haciéndolo visible.
Es una estrategia recurrente en el mundo clásico, ya existieron referencias al respecto, Cicerón, de quien hemos escrito en anteriores entregas, utilizó en tres ocasiones esta estrategia, siempre con buenos resultados. La primera contra Pisón, la segunda contra Catilina y finalmente contra Marco Antonio. Los señaló, a los tres, en sus respectivos contextos de pretender quemar Roma, de destruir a la República y por lo tanto, les nombró: enemigo público. Y no le faltaban motivos, la historia le concedió la razón.
En Guerrero, 17 perfiles se registraron para buscar la Coordinación. Estos perfiles pasarán por una etapa de trabajo territorial y después, no todos, solo aquellas personas que pasen los filtros internos de Morena, podrán estar contempladas en la encuesta que definirá a la persona que ocupará el encargo. Mientras eso ocurre, todos a posicionar los temas del debate público.