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ACAPULCO, Gro., 1 de marzo de 2026.- El dramaturgo morelense Mauricio Jiménez afirmó que México atraviesa un punto de quiebre para definir el rumbo del discurso cultural en un contexto de transición política, violencia persistente y predominio del discurso público desde el Estado, al dialogar con asistentes durante la función de cierre del Cineclub Máquina 501 en Demina Laboratorio de Artes.
Tras la proyección de la trilogía revolucionaria de Fernando de Fuentes con El prisionero 13, El compadre Mendoza y Vámonos con Pancho Villa, Mauricio Jiménez dijo que el país vive una etapa incierta después de más de 70 años de hegemonía de un partido político y, ahora, bajo un nuevo escenario donde Morena ha promovido y aprobado reformas constitucionales.
“Estamos en el punto de quiebre”, expresó el promotor de teatro documental, investigación escénica y cine-debate.
Luego de la proyección de la película de cierre este sábado, intercambió lecturas con el público, ante el que argumentó que durante décadas existió una protección institucional que, a pesar de la hegemonía política en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), permitió el desarrollo de discursos creativos y culturales en la década de 1930.
En contraste, el investigador de archivos históricos, discursos oficiales y narrativas cinematográficas del siglo 20 reconoció que hoy el contexto es más complejo, dado que está atravesado por la violencia del crimen organizado y por un discurso dominante desde el aparato estatal.
“¿Quién va a defender el discurso cultural? ¿Quién va a defender las maneras de crear y que no haya censura?”, cuestionó ante los asistentes.
Asimismo Jiménez reflexionó sobre la relación histórica entre Estado y creación cultural y dijo que la producción cinematográfica de análisis con mayor influencia fue cobijada por el poder público.
El ciclo Cine Teatro e Historia, coordinado por Mauricio Jiménez propuso revisar el cine de los años treinta como una ficción que dialoga con el presente.
Para el dramaturgo, la trilogía proyectada mostró un tránsito progresivo que pasó de lo íntimo y doméstico en El prisionero 13, a la hacienda en El compadre Mendoza, y finalmente al campo de batalla en Vámonos con Pancho Villa, como metáfora de la expansión de la violencia.
Al cierre del diálogo, Jiménez insistió en que, pese al contexto adverso, la creación cultural sigue siendo una forma de resistencia.
“Lo verdaderamente importante es que seguimos para adelante. Compartir el discurso es maravilloso. Estamos tratando de hacer lo que consideramos que tendría que hacerse”, concluyó.