Excesivo gasto en altos sueldos de aviadores del PRD complica crisis de Chilpancingo; pero alcalde Gaspar le paga también a gente de ex alcalde de Acapulco

La toma del palacio municipal de Chilpancingo por parte de trabajadores que reclaman aumento de sueldos, está revelando el verdadero carácter y la estatura política del alcalde Antonio Gaspar Beltrán, de forma muy decepcionante: no ha sabido negociar; se ha declarado en crisis, desesperado, porque dice no poder trabajar ni pagar sueldos; y aunque afirma estar dispuesto al diálogo, no ha querido reunirse con la líder del sindicato independiente y la combate en la prensa revelando una intolerancia visceral contra empleados que aspiran a una homologación de apenas 3 mil pesos.

El paro de los trabajadores adscritos a uno de los sindicatos independientes que operan en el ayuntamiento capitalino, encabezado por la líder Amada Ramos Zamora, responde a una legítima aspiración de los empleados que menos ganan para elevar sus salarios y quedar homologados. Ellos demandan un 20% de aumento –lo que no es ilegal, como lo llama el alcalde, pues la ley no dispone topes salariales oficiales-, que en dinero es realmente poco dados los bajos sueldos que paga la autoridad municipal, pero que le descomponen las cuentas del presupuesto al edil, pues elevarían su déficit presupuestal. Aunque se puede ajustar negociando…

UNA SOPA DE SU PROPIO CHOCOLATE…

Lo curioso es que Gaspar Beltrán no quiere sentarse a negociar con los dirigentes del sindicato en paro por tres razones: por orgullo, por intolerancia, y porque el paro, la toma del palacio y el bloqueo de calles a que han recurrido los trabajadores para hacer presión, se parece mucho a los paros que él mismo financió para crearle conflictos a su antecesor, Marco Antonio Leyva Mena, usando en el pasado trienio al sindicato independiente de Domingo Salgado, entre otros grupos, a los que sumó colonos y militantes del PRD para desgastar al priista en su afán de facilitar el triunfo electoral perredista del 2018.

Todo financiado con dinero de su líder político, el exalcalde de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre -ambos pertenecientes a la corriente Nueva Mayoría del PRD-, quien le pagaba además un alto sueldo como aviador en el ayuntamiento porteño y financiaba su proyecto político con recursos públicos desviados del presupuesto acapulqueño. Parte de ese proyecto se fincó en el desgaste político de Marco Leyva a base de generarle protestas de grupos de trabajadores, cuyos líderes fueron pagados por Gaspar para promover paros, bloqueos, protestas y conflictos que usted recordará, porque afectaron la vida normal de la ciudad.

Pero a pesar de su pasado perverso, Gaspar se enoja y desprecia a los trabajadores y a un sindicato independiente que pide lo justo. Gaspar dice a través de la prensa que no deben pedir más del 4.5% de aumento salarial “autorizado por la ley”! Aunque en el ayuntamiento todos los empleados recuerdan el 15% que les otorgó Marco Leyva a los del SUSPEG…

EL PROBLEMA REAL ES EL EXCESO DE AVIADORES…

En el fondo, hay una parte del conflicto en la que el alcalde Gaspar tiene razón: enfrenta un déficit mensual de 15 millones de pesos, y el pago de la nómina se lleva el 60% de su gasto anual, generando una escasez de recursos crónica… pero de fácil solución, si quisiera.

Porque lo que no dice el edil es que por un lado tiene apartado mucho dinero en rubros muy poco claros que se negó a aclararle al Cabildo –como en el de Fertilizante y la existencia de una nómina secreta-, por lo que varios regidores –de Morena y del PRD- se negaron a aprobarle el Presupuesto 2019; y por otro, mantiene a toda una flota de aviadores con altos sueldos en nóminas secretas del ayuntamiento y de CAPACH, de militantes de Nueva Mayoría “recomendados” por su jefazo Evodio Velázquez, en pago a los favores que recibió entre 2015 y 2018, y de familiares, amigos y aliados de otros grupos políticos –incluídos varios del PRI-.

De modo que la solución de un alcalde valiente sería correr a todos esos aviadores y empezar a gobernar para los ciudadanos, ahorrando varios millones con los que eliminaría el déficit, podría aumentar los raquíticos sueldos de los empleados y hacer obra pública de calidad.

Pero ese tipo de alcalde no cabe en la figura de un Antonio Gaspar que enloquece con un pequeño movimiento de protesta de un modesto sindicato, porque él solo responde a intereses particulares de un grupo político –busca la gubernatura en el 2021- en vías de extinción.

Y al final, hay que recordarle a Gaspar que la toma del ayuntamiento no impide el pago de salarios de la próxima quincena. Se los provocó a Marco Leyva y nunca dejó de pagar. Mario Moreno tuvo tomado el palacio más de un año por la CETEG, y tampoco dejó de pagarle a sus empleados, que trabajaban en oficinas alternas.

Entonces, que no mienta el señor Gaspar, que crezca siquiera para negociar y resolver el pequeño conflicto que tiene, y que saboree la sopa de su propio chocolate con paros como los que provocó en el trienio pasado… y que corra a la bola de huevones que tiene cobrando sin trabajar si es que tiene vergüenza por los tres años que él cobró en Acapulco… sin trabajar.

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