¿Sabías esto? Los secretos detrás del pozole que comes cada septiembre
ZITLALA, Gro., 5 de mayo de 2026.- El rugido de los jaguares resonó este martes en la plaza central del municipio de Zitlala, donde decenas de hombres caracterizados como tigres se enfrentaron a "chicotazos" para ofrendar su sangre a Tláloc, dios de la lluvia, en un ritual para pedir fertilidad para sus campos.
El ritual conocido como Atzatzilistli (petición de lluvias en náhuatl) y celebrado cada 5 de mayo, congregó a los hombres jaguar de los barrios de San Francisco, San Mateo y La Cabecera.
Ataviados con trajes amarillos moteados de negro, máscaras de cuero y chalecos, los combatientes portan cuerdas de ixtle con las que marcan el cuerpo del oponente.
Cada gota derramada, dicen los participantes, es “un pacto con la tierra para asegurar un temporal abundante”.
Aunque por siglos la pelea se hacía en el Cerro del Crusco, hoy el estallido de los chicotes retumba en la explanada principal, bajo la mirada de cientos de asistentes y al ritmo de música de viento.
Réferis vigilan que el combate conserve su carácter sagrado y no escale a rencillas personales.
“Esto no es odio, es hermandad”, explicó uno de los tigres al bajar del cuadrilátero improvisado, con la espalda marcada.
“Aquí venimos a dar fuerza, a pedir agua, si no hay sangre, no hay lluvia”, destacó.
La tradición fusiona cosmovisión prehispánica y símbolos cristianos, el cual se ha convertido en uno de los rituales más intensos del estado.
Para los zitlaltecos, el dolor es temporal: “la cosecha que viene depende de la entrega de hoy”.
Con la caída del sol, los combatientes se abrazan.
La plaza queda marcada de tierra y sangre, señal de que el mensaje a Tláloc fue enviado.
Ahora solo resta esperar que el cielo responda.