Fox entregó el agua de México

Pablo Cabañas Díaz, autor de la investigación La Chispa del Foxismo, que apareció en marzo de 2006 en la revista Fórum de Eduardo Ibarra, a propósito del Foro Mundial del Agua en Ciudad de México efectuado unas semanas antes, del 16 al 22 de marzo, demostró cómo Vicente Fox (presidente del 2000 al 2006) entregó el agua de México a la Coca Cola.

Es necesario que hoy se sepa lo que hicieron los títeres de Salinas, TANTO LOS PRESIDENTES COMO LOS GRANDES HOMBRES DE NEGOCIOS A LOS QUE BENEFICIÓ EN CONTRA DE LOS INTERESES DE MÉXICO. POPULARES.

Empecemos con Vicente Fox Quesada, el implantador del Neoliberalismo ruinoso, con uno de sus grandes delitos, que no sólo desaciertos de La Chachalaca, como recortar el escudo nacional, como presidente se inició nombrando a un compañero de “la universidad Coca-Cola”: Cristóbal Jaime Jaques, director general de la Comisión Nacional del Agua. Y además el escrito detalla la historia de las concesiones que Fox otorgó a sus antiguos patrones, compañeros y amigos refresqueros para usufructuar la deficiente agua del país. Y dio el mal ejemplo…

Aprovecho para incluir aquí el nombre de la compañía Kimberly-Clark, de Claudio X. González, fabricante de Kleenex, otro producto gringo que secó los mantos freáticos de El Bajío en Querétaro. ¿Y qué decir de la venta en 2012 de la cerveza Corona, establecida en la sequísima región de Zacatecas, cedida a los belgas por la  heredera del Grupo Modelo?   

Pero veamos cómo Fox regaló el escaso oro azul a la que llama “su universidad”, la Coca-Cola:

“La llegada de Vicente Fox a la Presidencia marca el fin de un ciclo. Fox había formado parte del “gabinete alternativo” instalado por Manuel Clouthier en febrero de 1989, en el área de “política agropecuaria”. Era uno de los hombres de su medio. En una entrevista imaginaria con el espíritu de Clouthier, cuando su hijo Ricardo le preguntó quién sería el candidato del PAN a la Presidencia en el 2000, Clouthier nombró a Fox, Carlos Medina Plascencia, Ernesto Ruffo y Francisco Barrio. ‘De todos, me gustaría que el candidato presidencial fuese Vicente Fox’. Y la ficción se convirtió en realidad. El guanajuatense, un empresario que se sentía llamado a “salvar” a México de un régimen autoritario, consiguió su propósito: sacar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos. Fox entró a la política en 1988 seducido por la reflexión emotiva del entonces candidato del Partido Acción Nacional (PAN) Manuel J. Clouthier. Desde entonces se inscribió en el ala neo panista, la de los “pragmáticos”, opuesta a la doctrina y la ortodoxia de  los tradicionales. Ese año fue electo diputado federal y fue construyendo su candidatura para la gubernatura de Guanajuato (que perdió en una concertacesión  del PAN con Carlos Salinas de Gortari en 1991, pero que alcanzó finalmente en 1995), catapulta a su vez para “la grande” del 2000. Vivió de niño en un rancho vecino a la ciudad de León, al pie del Cristo del Cubilete y una de las capitales del México cristero y sinarquista. Estudió con los jesuitas, se sumergió en la lectura de las vidas ejemplares, en las biografías de santos y a punto estuvo de abrazar el sacerdocio.

Fox dejó inconclusos sus estudios a los 22 años en la Universidad Iberoamericana. Trabajó hasta 1979 en esa empresa en la que fue vendedor, supervisor, gerente, director de mercadotecnia y presidente de la compañía, donde conoció a Lilián de la Concha, secretaria, con quien se casaría en 1972. Luego de su trabajo en Coca-Cola, Fox se dedicó a la administración de los negocios de su familia, que desde 1993 (sexenio de Salinas) se beneficiaron con importantes créditos garantizados con propiedades sobrevaluadas.

Cuando se decidió a buscar la Presidencia de la República, los asesores organizaron su campaña mercadotécnica. Diseñaron un plebiscito sobre el cambio y cómo los mexicanos estaban hartos del PRI, resultó. Pero, ¿quién fabricó a Fox? ¿Quién o quiénes pagaron la factura del “producto Fox”? El panista contó con los servicios en asesoría política e imagen del estadunidense Dick Morris, cotizado en más de un millón de dólares, quien fuera el perro de ataque que consiguió la reelección de William Clinton a la Casa Blanca en 1996. ¿Pero quién pagó su factura? ¿Los Amigos de Fox? “La importación del know how electoral de Estados Unidos, vía Morris y Carville, llevó a lo que Carlos Monsiváis definió a Los Ángeles Times como una “cocacolaficación de la política” en México. Otra variable de “la democracia como un negociazo”, según Rick Ridder. Desde un inicio Coca-Cola-FEMSA (Fomento Económico Mexicano S.A., consorcio que incluye la embotelladora Coca-Cola) estuvo detrás de la candidatura de Fox.

Fox también estuvo relacionado con uno de los principales ejecutivos de Coca-Cola México, Burton Grossman, quien murió en Texas el 12 de noviembre de 1999, fue yerno de Harry Fleishman, operador de la Standard Oil en la Huasteca, representante de la familia Rockefeller en México en la época de la expropiación petrolera y un implacable enemigo del cardenismo. “A raíz de la expropiación, ese grupo empresarial trasladó sus actividades del petróleo a la industria refresquera, comprando la primera planta embotelladora de Coca-Cola”.

(CONTINUARÁ)

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