MÉRIDA, Yuc., 27 de mayo de 2020.- Greenpeace México rechaza la obra del Tren Maya y forma parte de la lucha legal que llevan diversas organizaciones civiles y representantes de comunidades mayas para solicitar la suspensión del proyecto, pues además de que no existen los documentos de Impacto Ambiental y justificación para el Cambio de Uso de Suelo, estos no son momentos de llevar a cabo las obras de construcción debido a la emergencia sanitaria por el Covid 19.  

Viridiana Lázaro Lembrino, especialista en agricultura y cambio climático de esta organización, aseguró que urge poner medidas cautelares ante la continuación de las obras del Tren Maya, pues no solo se pone en riesgo la salud y la vida de las comunidades indígenas sino también el equilibro ecológico de la Península de Yucatán.  

“Nosotros desde Greenpeace creemos que ninguno de los proyectos de infraestructura tiene que ser basado en la destrucción de la naturaleza, ni en la violación de los derechos humanos, principalmente de las comunidades”.  

En entrevista para Quadratín, señaló que se podría considerar que a la Península “le llueve sobre mojado” pues al impacto del sector inmobiliario, el turístico y el agroindustrial, se suma ahora la construcción del Tren Maya que, en el caso de Yucatán, dañará el sistema acuífero, que es sumamente vulnerable.  

El relieve kárstico, explicó, es una roca muy permeable que permite la fácil filtración de los contaminantes, de haber contaminación, incluso la lluvia podría arrastrar esa sustancia e infiltrarla hasta llegar a los cenotes, donde hay especies únicas como el pez ciego y la dama blanca, entre otros. Esto se sumaría a la ya notable contaminación que ha dejado la proliferación de granjas porcicolas que la organización también ha señalado.  

La especialista añadió que pese la inexistencia de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) se prevé que el llamado “Mega Proyecto” fragmente el ecosistema de la región sur sureste, afectando el “corredor biológico natural” que conecta las especies de México con las de Centro América.  

La deforestación de alrededor de 2 mil 500 hectáreas de selva húmeda y seca, cancelaría uno de los más importantes sumideros de carbono del país y es que, explicó, captan los gases de efecto invernadero de la atmósfera y ayudan a que la población no resienta de manera considerable los efectos del cambio climático.

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