La fiesta de los adinerados y la esperanza de los pobres

Qué falta de imaginación de los que dirigen el turismo en Guerrero y en Acapulco, viejos como el destino manejado por los de siempre, como una maldición. Abajo de la mediocridad es su marca registrada.

Una industria que ha devastado nuestros recursos ambientales para beneficio de una minoría, en muchos casos, grupos de inversionistas extranjeros, algunos empresarios nacionales y una larvaria oligarquía local que ha ido siempre a la repesca de lo que dejan tirado los grandes tiburones de la industria.

Mientras, el mayor número de la población hacinada en los guetos controlados por la delincuencia en colonias y ciudades desiertas de seguridad que nunca renacieron y casi sobreviven. Quitemos el casi, de las migajas salariales que genera la pomposa industria sin chimeneas.

Este jueves se reunieron o fueron reunidos los beneficiarios de este negocio de pocos, financiado con recursos públicos, mayoritariamente con el chantaje de brindar fuentes de trabajo a los locales, que ponen todo: su fuerza de trabajo, sus impuestos, su salud, sus recursos naturales, para uso y disfrute de los que pagan y ganan en esta trama que sólo genera pobreza a la gran población y destrucción ambiental.

Los locales se vistieron de fiesta para recibir al secretario de Turismo federal Miguel Torruco, que, a su paso por esta dependencia en otros gobiernos de otro color político, fue considerado por la oligarquía cevichera acapulqueña como enemigo del puerto, ahora fue festejado y todo lo que dijo, sin haber dicho mucho, le fue aplaudido por estos coristas del oportunismo y además amnésicos.

¿Qué es lo que que hay que festejar de lo anunciado por Miguel Torruco? ¿Que el Tianguis Turístico continuará con intermitencias anuales aquí? ¿Que vamos a romper Récords Guinness para atraer turismo? Es decir, para complacencia de nuestra oligarquía, el secretario de Turismo del gobierno de la esperanza les vino a recetar más dosis de frivolidad a la que son tan adictos los dueños o gerentes de hoteles y restaurantes locales.

¡Qué siga la fiesta de los adinerados y dueños de la Costera y Diamante!, mientras los pobres pueden seguir viendo desde las gradas del anfiteatro el espectáculo de la degradación de un segmento social que se ha apropiado de Acapulco, de sus playas, de sus aguas y de su futuro.

Un museo de La Nao para Acapulco, dijo Torruco. Sí necesitamos museos, centros culturales para nosotros, no sólo para los visitantes. Necesitamos todo nosotros. ¡Ya basta de pensar en los otros! Primero los que viven aquí y después los otros. No podrán disfrutar lo nuestro los que vienen, si tenemos inestabilidad aquí.

¿Por qué en vez de carreras de meseros o Récords Guinness, no se arman grandes y respetables festivales de música, cine, artes plásticas y algo que sirva a los nuestros para cambiar la vida y también a la de los que nos visitan? Basta de frivolidades turísticas que generan discriminación, violencia, y construyen en el imaginario de la gente las subculturas que nutren el narco.

Señor Torruco: también el turismo debe cambiar para beneficiar a todos y no a los de siempre, como los que le aplaudieron en el Mundo Imperial.

Da pena ver a la alcaldesa de Acapulco y al secretario de Turismo municipal José Luis Basilio Talavera, presumir y mostrar a la prensa, después de los anuncios de Torruco, sus grandes proyectos para la industria más importante de nuestro puerto: una cartilla turística, una lotería turística y embellecer la ciudad.

¡Qué corta la Imaginación de estos funcionarios de cuarta, hijos de la mediocre gente industria turística local! ¿Y qué? Ellos su chambita, sus negocios ya. Al fin los pobres pueden esperar, su esperanza es tan larga como la cuaresma.